8 MINUTOS PARA CAMBIAR LA REALIDAD
Un soldado herido en una misión en Afganistán, forma parte de una misión en la que a través de un programa informático, despierta en el cuerpo de otra persona en un tren que ha sufrido un ataque terrorista. El protagonista —un excepcional Jake Gyllenhaal― tiene tan sólo ocho minutos para averiguar quién ha colocado la bomba en el tren. Ocho minutos solamente.
Código fuente presenta múltiples giros y consigue hacer algo diferente en un mismo espacio y tiempo en el que parece que ya lo hemos visto todo y se va a repetir. El director del film, Duncan Jones, descubre sus cartas y muestra la enorme distancia que separa nuestros deseos de la realidad, aquello que siempre anhelamos y lo que en realidad tenemos.
¿Cuántas veces hemos de experimentar las mismas sensaciones o vivir las mismas experiencias para darnos cuenta de lo que de verdad queremos? Código fuente lo explica de una forma sencilla, donde la sombra de Philip K. Dick navega sin disimulo —la suplantación o anulación de personalidad para encontrarse con el yo verdadero—, y donde lo que realmente importa no es quién es el terrorista o qué es el código fuente. Esa sería la trama superficial. Sin embargo, dentro de sus imágenes, Código fuente desvela otra historia, aquella en la que las elecciones que se toman en un determinado momento determinan el futuro, y los recuerdos que nos pesan pueden ser liberados con una simple llamada de teléfono. Esa historia en la que a veces la realidad es más dura y cruel que los deseos, sólo posibles en los sueños.



